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viernes, 19 de diciembre de 2014

V.

Emigraste de mí, cuando te dije que mi luna no estaba llena ni lo estará, que en mi vientre tengo la fuerza del Pacífico, y un llanto de tambores golpeados por manos callosas y negras.
Y lloraste insultos y maldiciones, al escuchar de mi garganta, que aunque soy mujer no estoy hecha para parir, mentiras, sumisiones o hijos, pues me muevo con el croar de las ranas que descienden de mis crespos y salvajes cabellos copulares.
Porque en el libraco de mi vida no está escrito esperar la muerte, sobria, bajo tus alas de pseudo-cóndor patriota, porque yo no tengo patria, porque mi patria es el canto primero de mis ancestros, en la isla de mi apellido materno.
Y corriste alrededor de mi cuello y me llamaste puta, y yo te respondí con el silencio, pues eso es lo que tengo, y te repetí, a pesar de que la asfixia me carcomía como hiena, que aunque soy mujer no estoy hecha para parir,
aunque soy mujer no estoy hecha…
aunque soy mujer no estoy…
aunque soy mujer…
aunque soy…
aunque… 
y me desvanecí.




Texto: Yuliana Ortiz Ruano.
Foto: Lightoff

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